14 septiembre, 2016 Esteve Blog

El miedo escénico

 

“Siempre puedes elegir vivir la vida de una manera artística.” Elsa Perdomo Guevara. Coach musical.

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A menudo en consulta surge el tema del miedo escénico. Normalmente son músicos que acuden por otro tipo de lesión, pero es un tema bastante recurrente. La respuesta rápida (puntura en Tong Li -5C) es un punto de acupuntura que se sitúa en la muñeca y que los textos relacionan con el pánico escénico.  Es el tratamiento elegido cuando el problema se plantea de forma casual. Despúes viene la explicación más completa para los pacientes que están verdaderamente preocupados por el tema.

El miedo escénico es la ansiedad que algunos profesionales de las artes escénicas padecen justo antes de subirse a un escenario. Tambien no profesionales que por el motivo que sea tienen que dirigirse a un gran público durante una presentación. A menudo desaparece justo durante la interpretación, pero la incapacidad y problemas que ocasiona producen gran malestar y afectan bastante a quien lo padece.

En este momento tenemos que diferenciar entre el miedo y la ansiedad. La ansiedad puede definirse como la respuesta emocional masiva del organismo ante una percepción, tanto a nivel corporal como mental. Lo sentimos en el cuerpo. Esta percepción no tiene ni siquiera que ser real, puede ser imaginada o creada por el propio organismo. El miedo es una emoción anticipatoria negativa. Se busca valoración en el exterior y se teme fallar y sentir ridículo despues.

Esto puede ocurrir principalmente por dos motivos:

Falta de preparación. En muchos casos, el material no está listo. Es obvio que tengamos miedo a enfrentarnos a una audiencia, jurado, público etc si no tenemos un dominio sobre el tema o repertorio. En este caso debemos adoptar buenos métodos de estudio. Una buena planificación del trabajo centrada en plazos cortos y largos y una buena imagen interna que guíe el proceso serán  de gran valor. Un consejo importante es siempre ensayar con el estado emocional propicio para la actuación posterior. Si ensayamos aburridos, mecánicamente o sin motivación, una vez que estemos en el escenario la nueva situación de stress alterará inevitablemente nuestro estado. Una  práctica centrada al 100% minimizará ese desajuste.

Para ello, ejercicios de mindfulness, conciencia corporal, respiración, estiramientos activos y entre otras conseguirán que la atención se centre en el momento del ensayo, en el movimiento eficiente, evitando tensiones innecesarias y bloqueos que pudieran trasladarse al momento de la interpretación. Hay que convencerse de entrenar cuerpo y mente siempre simultáneamente y generar los automatismos adecuados para que la preparación sea tan libre que realmente disfrutemos presentándola. Tocar con conciencia se ha demostrado muchísimo más efectivo que la mera repetición de pasajes de forma interminable (Aprendizaje diferencial y Flexibilidad cognitiva W. Schollhorn 1999).  Una rutina preconcierto diseñada por uno mísmo en el que se active el cuerpo y se visualice con imágenes mentales de la interpretación; inspirarse en otros intérpretes afines, filmarse o grabarse también son fundamentales para el modelado de la excelencia que nos hemos propuesto.

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Cuestiones ligadas a la personalidad. Disociamos nuestros valores personales a los que tenemos como intérpretes. No somos peores individuos si nos equivocamos en un pasaje o si una presentación no sale de forma satisfactoria. No debemos poner en otras personas (la audiencia) el juicio que hacemos sobre nosotros mismos. Si hay problemas de autoestima o algún trastorno asociado la búsqueda de un profesional cualificado se hace prioritaria. En el resto de los casos simplemente puede tratarse de una cuestión de narrativas internas (nuestros diálogos interiores que actuan en nuestra contra). En este caso, donde hay personas que ven un riesgo al exponerse, otras ven una oportunidad de compartir, de expresión y de comunicación y todo ello depende de la valoración que hagamos de nosotros mismos y el lugar que dejamos al otro (al público).

Ya que no podemos evitar interpretar la realidad, es necesario tomar conciencia de nuestras narrativas. Así puedes diferenciar si ves la situación como una amenza o una oportunidad. Muy interesante sería hacer las siguientes autorreflexiones:

¿Qué cualidades tengo como intérprete?

¿Qué tipo de pensamiento cultivo conscientemente?

¿Qué objetivo tengo con mi expresión artística?

Tomar un momento para reflexionar sobre esto a menudo marca la diferencia. Algunos ejemplos de las narrativas de los intérpretes que no padecen miedo escénico, los que disfrutamos ver tocar:

Valoran lo que son capaces de hacer, son conscientes de lo que les falta, pero aprecian lo que tienen.

Disfrutan y hacen disfrutar.

Se centran en la oportunidad de compartir y conectar y cultivan un sentido de misión personal con su arte.

Si el objetivo último de nuestro arte es compartir nuestra interpretación (algo bastante evidente) una buena manera de “soltarse” es crear ocasiones de “bajo stress” para compartir la música. El voluntariado llevando la música a sitios donde se necesita y valora (hospitales, refugiados, mayores etc) puede ser una experiencia tremendamente gratificante tanto para el artista como para la audiencia y a buen seguro mejorará nuestra autoimagen, nuestras narrativas y permitirá que se cumplan los objetivos de compartir, expresarse y conectar que es para lo que a buen seguro nos convertimos en intérpretes.

Recordar que en último término ( y aplicable hasta en los concursos oficiales) el fin último es la expresión, no el dominio de la pieza. Disfrutemos por el camino, a fin de cuentas es música!

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